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Ocasionalmente y de manera marginal, Centroamérica “luce” en el mundo del siglo xxi gracias a una mezcla de eventos que están de moda en muchas partes: elecciones y catástrofes naturales, violencia en serie de las pandillas juveniles y celebración de tratados comerciales con grandes potencias. Éste ya no es el lugar donde, como dijo Ronald Reagan en la década de 1980, se libran las batallas del “mundo libre”. Es, en realidad, un sótano del mundo donde se libran las batallas del “Estado fallido”.
El llamado “mundo libre” se hizo del triunfo geopolítico, pero no en Centroamérica sino en Europa Central y Oriental; sin embargo extendió la factura de cobro hacia esta región. En teoría la paz volvió, se desarmaron las guerrillas y a veces sus integrantes formaron parte de los gobiernos. Los escuadrones de la muerte, más o menos, se jubilaron y se incorporaron al mundo de los negocios o de las mafias que son parte de los carteles del crimen organizado transnacional. Y así, paulatinamente, el tamaño geográfico del istmo volvió a ser equivalente a su importancia estratégica y económica en el mundo, o sea, pequeñísimo.
Hace una década que Centroamérica está formalmente en paz, quiere decir que puntualmente se celebran elecciones y se promueven las inversiones de capital. Las viejas guerrillas compiten, ahora como partidos y los movimientos sociales se mueven con un poco más de libertad respecto de los Estados, pero también con mayor desorientación. No obstante, la zona no se ha librado de sus taras históricas, que alguna vez desembocaron en guerra: pobreza galopante, desigualdad económica abismal, exclusiones sociales y discriminaciones étnicas.
Bien vale la pregunta, un cuarto de siglo después de las guerras de liberación y de acompañamiento del movimiento solidario europeo, ¿qué queda?, ¿dónde está ahora Centroamérica?, ¿cuáles son las tareas futuras y cómo se articulan éstas globalmente?
De la guerra fría a la paz neoliberal
La guerra fría se padeció en el trópico centroamericano de forma descarnada. Arrancó dramáticamente en Guatemala con la conspiración de la cia que tumbó en 1954 el gobierno de Jacobo Árbenz, y se clausuró también en Guatemala 42 años más tarde con la firma de los Acuerdos de Paz, dejando una estela regional de casi 3 millones de víctimas civiles. Pero ese evento global, que también padeció Europa, presentado así, no hace justicia a la historia de este lado del Atlántico.

