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Una clave de análisis crucial en las elecciones es ¿qué grupos de poder configuran el hábitat del candidato y de su partido? Estos grupos ordinariamente no responden a clasificaciones fáciles y tampoco son rígidamente estáticos. Se asocian por historias compartidas, afinidades personales y proyección de negocios futuros. Pocos alcanzan visiones más allá de lo personal, incluso del ámbito sectorial.
La característica de estas elecciones es que los financistas y, sobre todo, los poderes fácticos, a diferencia de 2003, vuelven a distribuirse entre los primeros candidatos de las encuestas, sin que esto signifique que algunos no traigan su pan bajo el brazo y soportes económicos inequívocos. Aunque para nada son datos definitivos ni granulados, los candidatos seleccionados en este análisis, siguiendo los resultados de las encuestas sobre preferencia electoral, permiten aproximaciones para el entendimiento de los poderes reales detrás de los eventos democráticos.
Álvaro Colom
Como se sabe, Colom, candidato de la UNE, es el favorito para ganar la primera vuelta electoral y competir en una ronda definitiva con quien salga segundo en la votación del 9 de septiembre próximo. Esa circunstancia lo convierte en un imán del financiamiento en efectivo y en especie de la gente de negocios que suele o aspira a tener negocios con el Gobierno, incluso simplemente a “quedar bien” con el poder político; también levanta montos indispensables de caudillos locales que aspiran a contratos desde el Congreso o bien en las corporaciones municipales.
En los últimos meses Colom hizo un movimiento táctico notable acercándose a las grandes corporaciones oligopólicas que manifestaban dudas y preocupaciones sobre el candidato y su eventual Gobierno. Así, escogió como compañero de fórmula a un hombre cercano a la familia Bosch Gutiérrez de Multi-inversiones, y ha tenido reuniones amigables con los azucareros y los industriales, cuyo peso no se mide tanto en financiamiento de campañas como en la orientación de factores sensibles de gobernabilidad, entre ellos la opinión pública. Colom, con ello, neutralizó la mala prensa que le cayó desde las elecciones pasadas, incluso procesos legales que tuvo en su contra que, de prosperar, lo habrían dejado fuera de la contienda.

